ENTRE ESPINAS Y SUEÑOS: LA PAREJA QUE ENCONTRÓ EN EL NOPAL SU FORMA DE VIVIR

En el primer cuadro de Ciudad Obregón hay una esquina donde el aroma fresco del nopal anuncia que ya llegaron don Policarpio Valenzuela Armenta y su esposa doña Julia Enríquez Molina.
Desde hace más de veinte años, ambos viajan desde la comunidad de El Castillo, adelante de San José de Bácum, para vender lo que ellos mismos limpian y preparan con paciencia.

“Me siento bien a gusto porque me acostumbré, antes era regador, cuidaba milpas, nació de mi compañera decir-oye mijo ¿no te gustaría vender nopales?- pues ya empecé a vender en las colonias que están por el lado de la central de autobuses me dio una olla de nopales cocidos y un vasito, en aquel tiempo costaba $5 el vaso, y ahorita cuesta como $25, $30, y saqué nomas para el pasaje porque era la primera vez que vendía”

A las tres de la mañana ya están despiertos. comienzan a pelar, picar y acomodar los nopales que más tarde llevarán al centro. Luego, toman el camión que los transporta hasta Obregón, donde instalan su pequeño puesto y arrancan una nueva jornada que conocen de memoria, pero viven con entusiasmo.

La necesidad los llevó a comenzar este negocio, pero el tiempo lo convirtió en su orgullo. Lo que más los motiva, dicen, es saber que venden un alimento saludable, que ayuda al cuerpo y al bienestar de las personas.

“Es lo más sano, estamos vendiendo algo sano y nutritivo, natural que puede uno invitarlos a que coman porque es algo nutritivo para el cuerpo, es sano, muchas veces lo ocupan para el diabetes, para la limpieza de cuerpo y todo eso”  “Ya me hice a este trabajo, de nopalero, y así me gritan unos -¡quihubole nopalero!- “

La gente los saluda, les pregunta cómo están, les compra “de lo verde y lo tierno”. Ellos responden siempre con buen humor, entre bromas y risas. Se han vuelto parte del paisaje cotidiano, una postal viva del centro cajemense.

“Mi sueño es siempre compartir con todas las demás personas, sonreírles, aunque dientes me faltan pero para no morder, pero si, gracias a Dios hemos compartido toda este vida con todas las personas y por eso nos llaman nos saludan, pasan, platican con nosotros”

Quien pasa por ahí difícilmente no los nota: dos figuras sencillas que, con su trabajo constante, se han ganado el cariño de toda una ciudad. Y aunque los años pesan, su ánimo no.

Para éxodo radio, Columba Chávez