En el corazón de Bacobampo, donde el polvo del camino se mezcla con la calma de los días largos, hay un lugar que huele a pasado. Es la botica Bacobampo, una bodega con casi 200 años de historia que aún conserva sus vigas originales y estantes de madera curtida.
Detrás del mostrador, entre frascos antiguos y cajones de medicinas, trabaja Sergio Ulises Godínez Abarca, médico general de 71 años, heredero de una historia que empezó mucho antes que él.
Su padre, Enrique Godínez Barragán, llegó a estas tierras en 1934, justo cuando el general Lázaro Cárdenas repartía las tierras y fundaba los ejidos. Aquella era una zona virgen, sin caminos ni electricidad, donde la gente del lugar no hablaba español.
“Esto estaba virgen en aquel tiempo, no había médicos, pero el era químico farmacéutico biólogo, él hacía las medicinas para los doctores, lo que recetaban” “para poder atender a las personas aprendió la lengua del mayo, aprendió para poder tratarlos”
Desde entonces, la familia Godínez echó raíces profundas en Bacobampo. La botica —que por décadas ha sido punto de encuentro, remedio y consejo— se mantiene casi intacta: los estantes, los frascos, los rótulos escritos a mano y hasta el mostrador conservan la huella de otros tiempos.
“Este almacén era la tienda de raya de los hacendados, los Salido, aquí les pagaban con los granos que cosechaban, les pagaban con el frijol, el garbanzo, les daban petróleo para cocinar” “este edificio yo creo que lo hicieron por ahí en 1800 y feria”
Sergio estudió medicina general, y durante años combinó su consulta con el trabajo detrás del mostrador. Hoy, admite, la competencia moderna ha golpeado el negocio, pero su vocación sigue intacta.
“Ya hay mucha gente nueva, ya toda la gente que atendió mi padre pues ya no están tampoco, me siento satisfecho de haber estado aquí, de estar atendiendo a mucha gente, y aquí seguimos hasta que Dios nos preste vida”
“Estamos ubicados en Lázaro Cárdenas y Enrique Godínez se llama la calle, nombre de mi padre, número 89”
En sus paredes se guardan ecos de casi un siglo de historia: las voces de su padre, los pacientes de antes, los niños que crecieron y volvieron con sus propios hijos. Y ahí, entre remedios y recuerdos, Sergio Godínez mantiene viva no sólo una botica, sino el legado de una familia que aprendió a hablar el idioma de su gente y de su tierra.
Para Éxodo radio, Columba Chávez
