EL “SEÑOR DE LOS PICHONES”: LA ENTRAÑABLE HISTORIA DE UN VIENE VIENE EN CIUDAD OBREGÓN

Julio César Rubio Miranda, de 55 años, es viene viene desde hace cinco años en una conocida plaza comercial de Ciudad Obregón. Su jornada inicia todos los días a las 9:00 de la mañana y concluye alrededor de las 4:00 de la tarde, tiempo en el que logra reunir aproximadamente 150 pesos diarios.

Reconoce que sus ingresos son muy limitados y que han disminuido significativamente, ya que dependen por completo de las temporadas. Señala que diciembre suele ser el mejor mes del año, mientras que el resto del tiempo las ganancias son escasas. En promedio, estima obtener cerca de 500 pesos a la semana, con los cuales sostiene su hogar, donde además viven sus padres.

“es difícil en temporada de calor, te las ves negras y tienes que correr para un árbol o a otros lugares y salirte, me ha servido esto para comer e irla pasando”

Julio explica que, en ocasiones, se ha enfrentado a conductores que, de mala gana, se niegan a cooperar con algunas monedas. Sin embargo, asegura que no se molesta, pues considera que “son cosas de la vida” y entiende que no todos atraviesan por la misma situación económica.

“hay veces  que cuando se ponen así yo mejor los dejo ir, si hay o no hay pue sin modo, tampoco los puedo obligar o decirles algo, si hay o no hay ni modo, ya es cosa de la vida”

Pero más allá de las dificultades, Julio es conocido en la plaza por un don muy especial. Entre comerciantes, clientes y visitantes es llamado “el señor de los pichones”, ya que cada mañana, al llegar a su lugar de trabajo, decenas de aves se acercan y se posan a su alrededor. Con un solo silbido, los pichones acuden de inmediato, pues saben que Julio los alimenta diariamente.

“a veces que cuando traigo les doy pan, teleras o algo, a veces que les doy mantecadas y ellos se imponen, a veces que vengo entrando por la no reelección y hay pichones arriba y yo me siento feliz porque pues ya nada mas con hacerles el sonido ya se vienen ellos”

Para él, estas aves representan una gran motivación para salir a trabajar. Asegura que lo esperan cada mañana y lo despiden al finalizar su jornada, creando un vínculo que ha sorprendido y conmovido a quienes lo observan.

La historia de Julio no solo refleja la dura realidad de quienes sobreviven del trabajo informal, sino también la sensibilidad, la constancia y el amor por la vida que se manifiestan en los pequeños gestos cotidianos.

Para Éxodo radio, Columba Chávez