Hay casas que guardan recuerdos. La de Refugio Zamudio Valenzuela guarda sueños.
Afuera, donde cualquiera esperaría encontrar un patio común, se levanta un ring de boxeo. Alrededor, los árboles sostienen costales que se balancean con cada golpe. El escenario parece improvisado, pero para decenas de niños y jóvenes de Cócorit representa una oportunidad.
“yo lo mandé a hacer con un yerno mío que le entiende a la soldadura y todo eso, y lo armamos como pudimos, mi mejor posición es ayudar a la juventud, a los niños que salgan de los vicios, absolutamente nunca les he cobrado nada, no les cobro”
Antes de convertirse en entrenador, él también se subió al ring. En su juventud fue boxeador y llegó a disputar peleas de hasta diez rounds. Como muchos jóvenes, soñó con abrirse camino en este deporte, pero la vida lo llevó por un rumbo distinto. Sin embargo, nunca se alejó del boxeo. Al contrario, decidió compartirlo con las nuevas generaciones.
“les doy un tipo de clínica de cómo deben tratar a su mamá a su papa´, vienen aquí y se van y tienen que saludar a todos, como debe ser, una disciplina que si la agarran bien ellos que bueno, porque es lo mejor a como está la juventud, hay mucha perdición y yo me siento muy satisfecho de entrenarlos”
El lugar tiene poco de lujoso y mucho de auténtico. La tierra sustituye los pisos especiales de entrenamiento y los árboles forman parte del gimnasio. Pero para quienes entrenan ahí, eso nunca ha sido un obstáculo.
Al contrario.
Entre esos costales colgados al aire libre se han formado jóvenes que hoy presumen campeonatos regionales y estatales.
“Tengo una muchachita muy buena que pesa 46 kilos, me la traje campeona de Nogales, me traje dos campeonatos de Nogales hace como dos meses”
“el peleador se hace en los barrios en la tierra, los gimnasios lujosos salen sobrando, el peleador bueno es de los barrios los chamacos muchas veces vagos peleoneros son los que salen muy buenos para pelear, no necesita uno un gimnasio de lujo, nada de eso”
Mientras cae la tarde sobre Cócorit, los golpes continúan resonando entre las ramas de los árboles. No anuncian una pelea profesional ni una función estelar.
Anuncian algo mucho más importante.
Que en este rincón del pueblo, un exboxeador decidió convertir su casa en un lugar donde los sueños tienen permiso de subirse al ring.
Para éxodo radio Columba Chávez
