LA HERENCIA JAPONESA QUE PERMANECE EN EL CORAZÓN DE CIUDAD OBREGÓN

Hace más de un siglo, un joven japonés cruzó el océano en busca de nuevas oportunidades. Era 1916, México era gobernado por Venustiano Carranza y el destino de la familia Taniguchi estaba a punto de comenzar a escribirse en tierras sonorenses.

Su primera parada fue El Naranjo, Sinaloa, donde intentó abrirse camino sembrando maíz. Sin embargo, las cosas no salieron como esperaba y decidió trasladarse a Navojoa. Años después, sus descendientes formarían parte del crecimiento de Cajeme y dejarían una huella que permanece viva hasta nuestros días.

“él se quedó a la deriva y unas gentes le dijeron que se fuera a Navojoa porque en Navojoa había un paisano de apellido Inukai y ese señor que era don Tomas lo protegió, estuvo trabajando un tiempo ahí y ya que juntó un poco de ahorro dijo yo he escuchado de un lugar que se llama estación Cajeme que parece que va a progresar y se vino para acá, pero no empezó con esta tienda, empezó con un molino de masa que está aquí enseguida”

Esa historia de esfuerzo y perseverancia encontró una nueva etapa en 1965, cuando la madre de Hector abrió La Muñequita, una pequeña tienda de ropa infantil ubicada sobre la calle Sonora, entre Galeana y No Reelección.

En aquellos años, Ciudad Obregón crecía rápidamente con la llegada de familias provenientes de comunidades rurales y pueblos cercanos. La demanda de productos aumentaba y las opciones comerciales eran limitadas.

“Había mucha gente de los campos que se estaban desarrollando y no había muchas cosas y ya no era suficiente lo que había y poco a poco la gente demandaba cositas mejores entonces surgió la idea de hacer esta tienda que era muy pequeña en realidad, de hecho al principio se surtían en Navojoa en una tienda que se llamaba la Francesa porque Navojoa era mucho más grande que aquí”

Pero mantenerse vigente no ha sido sencillo. Las compras por internet, el comercio digital y la llegada masiva de ropa importada han transformado los hábitos de consumo y reducido considerablemente las ventas.

“gracias a la gente no se ni como la verdad porque Obregón ha crecido mucho pero también el motor económico está deprimido, entonces los clientes de nosotros en su mayoría son gente de campo o eran gentes que antes venían del sur la pizca de algodón y ahorita con las maquinas ha caído mucho pero como es un negocio de muchos años poco a poco nos mantenemos todavía pero ya no es ni remotamente lo que era antes”

Con el paso del tiempo, el perfil de los compradores cambió y ahora son principalmente las abuelitas quienes siguen visitando el establecimiento para encontrar prendas tradicionales.

Entre ropa de bautizo, tejidos artesanales y recuerdos familiares, el negocio sigue siendo testimonio de una historia que comenzó al otro lado del mundo y que encontró en Ciudad Obregón un lugar para echar raíces.

Para Éxodo radio, Columba Chávez