En una ciudad donde dejar cualquier objeto sin vigilancia puede ser un riesgo, hay algo que permanece intacto todos los días: un puesto de libros sobre la banqueta.
Aunque Luis Alberto Valencia tenga que alejarse unos minutos, las novelas, diccionarios y enciclopedias siguen exactamente donde las dejó. En seis años instalado sobre la calle Sinaloa, casi esquina con No Reelección, asegura que nunca le han robado un solo ejemplar.
“hay mucha gente que les llama la atención y que les gusta, luego te das cuenta de la gente que lee, es más, yo puedo dejar el puesto solo y no se roban ni un libro, es muy raro que te roben un libro, el que le da valor no te lo roba”
Hace 42 años comenzó a dedicarse a la venta de libros, un oficio que le ha permitido observar cómo cambian las generaciones. Si antes la lectura era un hábito más común, hoy reconoce que son menos las personas que se detienen a buscar una buena historia.
“si leen menos pero la gente que lee es la que siempre ha leído y son mis clientes, me buscan, yo digo que más que nada es por los celulares, por la computadora, lo ven más práctico, a lo mejor más amplio pero el libro no se deja de ser libro, me gusta el interés de la gente, me gusta ver los libros y que se emocione porque es gente que tiene cultura”
Aun así, cada día llegan estudiantes en busca de libros educativos o de inglés, los títulos que actualmente tienen mayor demanda.
Su inventario también tiene algo especial. Algunos libros son comprados por él, otros llegan como donaciones y hay clientes que, después de terminarlos, los regresan para que encuentren un nuevo lector.
“personas que les vendí bastante libros y me los encuentro 20 30 años después me los regresan y eso pues me llena de satisfacción porque yo también los vuelvo a vender, como el señor e compra un libro se lo lleva, lo lee y me lo regresa, porque son personas agradecidas, son personas que tienen mucha cultura y los considero como unas personas muy finas”
Entre páginas que han pasado por decenas de manos y nuevas historias esperando ser descubiertas, este pequeño puesto demuestra que todavía existen objetos cuyo verdadero valor no está en su precio, sino en el conocimiento que guardan.
Para Éxodo radio, Columba Chávez
