En Yécora hay un nombre que el tiempo no ha logrado borrar.
No aparece en los libros de historia ni existe una fotografía que la haya convertido en un personaje famoso, pero basta escuchar “Doña Clara” para que los habitantes de este pueblo recuerden a la mujer que, a caballo y al frente de decenas de hombres, desafió a los poderosos de la sierra.
Su historia ha sobrevivido gracias a la memoria de quienes crecieron escuchando que Doña Clara no era una guerrillera más. Era una líder que defendía a los indígenas pimas cuando eran despojados de sus tierras y que, según los relatos de la época, llegó incluso a liberar de la cárcel a varios de ellos para sumarlos a su lucha.
“ella montaba a caballo y siempre traía la bandera en sus manos, nunca andaba así sola, siempre traía un sombrero, un perico en el hombro y la bandera así montaba a caballo, el objetivo más grande de ella era ayudar a la tribu Pima, viendo que estaban muy decaídos y les habían quitado todo sus tierras sus casa, todo, ese era su objetivo después de la revolución”
Con el paso de los años, su nombre comenzó a convertirse en leyenda. Mientras unos la admiraban por enfrentar las injusticias, otros le temían por el poder que llegó a ejercer en la región.
Paradójicamente, de una mujer que marcó la historia de la sierra se sabe muy poco. Ni siquiera existe certeza sobre dónde nació. Algunos aseguran que era de Sahuaripa; otros defienden que era yecorense. Lo que nadie discute es el respeto que inspiró entre quienes la conocieron.
“es una de las pocas mujeres valientes de esos años, porque en ese tiempo la mujer no podía participar en nada, y ella fue por su propia voluntad y fuerza la que logró tener el mando de más de 300 hombres”
La última vez que Doña Clara fue vista en Yécora, cuentan los cronistas, cabalgaba al frente de una columna de hombres, portando la bandera mexicana. Tiempo después llegó al cuartel militar de Esperanza, donde vivió sus últimos años y, de acuerdo con la historia de la región, fue despedida con honores militares.
“en el 51 doña Clara se fue a Esperanza y se entrega al cuartel con todo yy su gente, muchos soldados de los hombres que andaban con ella se quedaron en el cuartel y otros no, otros se fueron a sus pueblos y ahí doña Clara fallece en el cuartel y fue sepultada con honores militares”
su historia sigue viva en las calles de Yécora. Aquí, cuando una mujer camina rodeada de varios hombres, todavía hay quien sonríe y dice: “Ahí va Doña Clara”.
Porque en este rincón de la sierra sonorense, hay personajes que nunca dejan de existir… simplemente se convierten en leyenda.
Para Éxodo radio, Columba Chávez
