En la calle Guadalupe Victoria y Campeche, resuena el sonido del betún, el cepillo y… la música. Es ahí donde Francisco Esteban Cota Gastélum, de 78 años mejor conocido como “El Bolero Cantor” o “La Voz de Sonora”, ha construido no solo un puesto de boleado, sino también una historia de vida que mezcla trabajo, arte y pasión por su tierra.
A los 17, comenzó a trabajar como bolero, pero un giro inesperado en su vida lo llevó a la música. Un productor lo descubrió y, casi como un destello de fortuna, grabó su primer disco.
“Yo era una de las personas que cuando estábamos morros nos íbamos a pizcar algodón y nos poníamos el saco y yo empezaba a cantar, la gente me gritaba mi Pedro Infante”
“Yo inicié haciendo giras, trabajando duro, por allá en el camino me topé con productores, anduve por muchas partes, anduve en Mexicali, en Aguas Calientes, anduve en Hermosillo, en varias partes”
Aunque la música lo llevó lejos, Francisco eligió la calma de su hogar sobre los reflectores, y aunque los ingresos fueron menores, no se arrepiente.
“Lo logré pero de repente dije ya estoy cansado, esas giras agotaban completamente porque nos amanecíamos en los palenques, hasta que no terminaba el ultimo gallo yo seguía cantando, en el ámbito de la música duré 30 y tantos años, pero esto era lo más fácil para mí, porque lo más duro fueron las giras que yo tuve” “me permitía estar los fines de semana hasta que dijo mi señora ya está bueno, te vas y no vuelves”
Sin embargo, la vida de Francisco no solo es la de un bolero o un cantante. El béisbol, otra de sus pasiones, lo llevó a entrenar a jóvenes que, siguiendo sus pasos, llegaron a ser beisbolistas profesionales.
“Yo soy rete aficionado al beisbol, manejé selecciones estatales, nacionales, afortunadamente Dios me dio demasiad sabiduría en ese ámbito, pero yo hacía eso porque quería enseñarle a los niños, quería ser el profesor de ellos, los primeros profesionales que se fueron de aquí de Obregón a jugar a las costas del Pacifico fueron alumnos míos, a grandes ligas no llegaron pero pegaron un rosoncito, como Antonio Félix, un gran jugador profesional”
Francisco no necesita el eco de los aplausos de los escenarios grandes para sentirse realizado. Su mayor éxito ha sido siempre vivir en su Ciudad Obregón, rodeado de su familia, con un par de zapatos bien lustrados y un alma que sigue cantando a la vida con la misma pasión de siempre.
“Muy agradecido de la vida, Dios me dio mucho más de lo que yo merecía, yo en mi piel siento el cariño de la gente de Ciudad Obregón, amo ciudad Obregón, amo a los Cajemenses, y amo a la gente que me apoya”
Para Éxodo radio, Columba Chávez
