Entre los pasillos silenciosos del mercado municipal, donde alguna vez reinaba el bullicio de marchantas y el aroma fresco de la cosecha recién cortada, aún se escucha la voz de Susana Ontiveros Jusacamea ofreciendo sus productos.
En su mesa, las calabazas verdes conviven con los nopales brillantes, las guayabas perfuman el aire y el orégano recién cortado despierta recuerdos de cocina casera.
Susana es la tercera generación de su familia en este oficio.
Las marchantas, explica, no solo venden frutas y verduras: forman parte de la historia misma del mercado municipal de Navojoa. Su presencia marcó por décadas la identidad de este espacio y, hasta hoy, son consideradas un ícono del Parián, símbolo de esfuerzo y tradición.
Aunque reconoce que la clientela ya no es la misma, son los adultos mayores quienes regresan a buscar sus productos, atraídos por la memoria de un mercado que alguna vez rebosó de vida.
Junto a su hermana, Susana resiste el paso del tiempo y la modernidad, defendiendo con firmeza el oficio de marchanta que poco a poco se extingue en Navojoa. En cada venta, en cada saludo, se empeña en mantener viva una tradición que para muchos significa identidad y raíces.
Para Éxodo radio, Columba Chávez
