En el Guaytana, comunidad indígena del municipio de Etchojoa, las tradiciones no se guardan en museos: se practican todos los días. José de la Cruz lo sabe bien. Desde hace tres décadas, combina su trabajo como jornalero con la elaboración artesanal de piolas o chavindas, cuerdas que siguen siendo indispensables en el campo y que en sus manos conservan la forma y el espíritu de antaño.
Su acercamiento a este oficio nació de la curiosidad. Un día encontró un artefacto antiguo y decidió preguntar a su madre para qué servía. Ella le explicó que, tiempo atrás, con ese instrumento se elaboraban las chavindas de manera completamente manual. Aquella respuesta despertó su interés por aprender un proceso que parecía estar desapareciendo.
José no se conformó con la explicación. Preguntó a los adultos mayores del pueblo, observó, experimentó y, tras varios intentos, logró fabricar su primera piola, un mecate largo hecho de rafia o ixtle, utilizado para lazar animales como vacas y caballos. Así comenzó un oficio que, con el tiempo, se convirtió en una fuente de ingreso y en una forma de preservar la memoria de su comunidad.
Las chavindas que elabora pueden medir hasta cinco metros de largo, aunque también produce versiones más cortas, destinadas a amarrar el bozal de los caballos. Cada pieza le toma alrededor de 30 minutos de trabajo, utilizando herramientas que él mismo construyó y siguiendo un proceso completamente manual.
Aunque su principal actividad es el trabajo en el campo, José de la Cruz encontró en estas cuerdas algo más que una alternativa económica: halló un vínculo con sus raíces. Hoy, ese conocimiento ancestral lo comparte con sus hijos y sobrinos, con la esperanza de que el trenzado de la rafia continúe pasando de mano en mano y no se pierda con el tiempo.
Para éxodo radio, Columba Chávez
