Antes de que las marcas internacionales y el calzado industrial inundaran los aparadores, en la sierra de Álamos el paso de los campesinos se marcaba con suelas de cuero. Eran las teguas, un calzado rústico, resistente y hecho a mano que acompañó durante décadas a quienes trabajaban la tierra.
Desde 1950, Adolfo Robles López ha sido uno de los guardianes de esta tradición. Originario de Álamos, comenzó en el oficio cuando tenía apenas 15 años, ayudando a su tío en la elaboración de este calzado que, en aquellos años, era de las pocas opciones disponibles para la vida diaria en el campo. El contacto con el cuero, la tenería y el trabajo artesanal lo llevaron a decidir que ese sería su camino.
Las teguas, elaboradas con cuero vacuno curtido, eran apreciadas por su durabilidad y funcionalidad. Su uso se extendió por la sierra y el sur de Sonora, convirtiéndose en un símbolo del trabajo rural. Incluso existen versiones que señalan que este tipo de calzado también se elabora desde hace muchos años entre los indígenas mayos de Masiaca, en el municipio de Navojoa, lo que habla de su profundo arraigo en la región.
Con el paso del tiempo, la demanda de las teguas fue disminuyendo. El avance del calzado textil, los nuevos diseños y la llegada de marcas internacionales desplazaron poco a poco a este producto artesanal. Hoy en día, son pocos los comercios que aún ofrecen este tipo de zapato, cuya elaboración continúa siendo completamente hecha a mano.
A pesar de ello, Adolfo Robles asegura que el oficio sigue vivo. Más allá de la venta, hacer teguas le permite mantenerse activo, vigente y ligado a una tradición que se niega a desaparecer. Cada par elaborado es una muestra de resistencia cultural y un recordatorio de una época en la que el calzado no sólo se usaba para caminar, sino para trabajar, vivir y dejar huella en la historia de Sonora.
Para éxodo radio, Columba Chávez
