Entre el ir y venir de la gente en las calles de Ciudad Obregón, hay una escena que llama la atención. Una máscara grande, un traje de manta que se mueve con cada paso y una pequeña figura que acompaña la danza.
Detrás de ese atuendo está Miguel Ángel Flores Verdugo, originario de Sinaloa, quien desde niño ha estado ligado a las tradiciones yoreme-mayo, especialmente a las ceremonias de Cuaresma, donde por muchos años ha participado como judío.
Pero esta vez no danza solo.
A su lado está su hija, Gladys Angélica Flores Bernal, de apenas ocho años, quien también porta el vistoso ajuar tradicional. Ambos comparten no solo la danza, sino una herencia cultural que Miguel decidió transmitir a sus hijas.
Aunque ahora viven en Ciudad Obregón, la sangre yoreme sigue marcando su historia familiar.
Ver a un judío mayo danzando en las calles de Cajeme no es algo común. Por tradición, estas manifestaciones suelen realizarse en comunidades como San Miguel Zapotitlán, pero Miguel y su familia decidieron hacer su manda en esta ciudad con un propósito muy especial: danzar para los cajemenses y destinar lo que se recaude a personas que lo necesiten.
La idea, curiosamente, nació de la más pequeña.
Gladys asegura que le gusta ayudar a los demás, y por eso pensó que podían aprovechar la danza para reunir apoyo.
El atuendo no pasa desapercibido. Las grandes máscaras, el traje de manta y el simbolismo de la tradición generan curiosidad entre quienes se detienen a observar. Muchos se acercan, preguntan y descubren una tradición que no es tan común en esta ciudad.
Para Miguel, cada paso de la danza es también una forma de mantener viva la cultura que heredó de su tierra.
Desde San Miguel Zapotitlán hasta Cajeme, esta familia trajo consigo una tradición ancestral que hoy comparten con la comunidad.
El mensaje es sencillo: apoyarlos para poder ayudar a más personas. Porque para ellos, la danza no solo es fe y tradición… también es una manera de tender la mano a quien más lo necesita.
Para Éxodo radio, Columba Chávez
