En la comunidad de Sirebampo, en el municipio de Huatabampo, el trabajo comienza desde temprano. Entre montones de tierra, moldes y hornos, todavía hay quienes mantienen vivo un oficio que ha dado identidad a este poblado durante generaciones.
Uno de ellos es Bernardino Baisehua, quien lleva más de 30 años elaborando ladrillos, una actividad que aprendió de su padre cuando apenas era un niño.
“el ladrillo lleva el barro negro, poquita arena, pajoso y estiércol de caballo o de vaca,la tierra varia de un lugar a otro, hay tierra colorada, tierra negra, pues según dicen hacemos buen ladrillo, y si está bueno el material por eso muchos vienen a comprar”
Sirebampo es conocida en la región como una comunidad ladrillera. La calidad de la tierra permite fabricar materiales que son buscados por clientes de municipios vecinos e incluso de Sinaloa.
Sin embargo, Bernardino reconoce que cada vez son menos las personas que se dedican a esta actividad.
“unos trabajan en las obras, se van a trabajar fuera o estudian, les damos estudio para que se defiendan en la vida porque la vida está muy pesada para andar así”
Aunque las altas temperaturas pueden parecer un obstáculo, para los ladrilleros el verano representa la mejor temporada del año.
El calor acelera el proceso de secado y permite que un horno con hasta seis mil piezas quede listo en menos de quince días.
“ahorita está bueno el tiempo depende del tiempo también, yo estoy trabajando todo el tiempo y este tiempo es bueno se seca luego y en tiempo de frio dura mucho para secarse, estamos impuestos al calor”
Actualmente, cada ladrillo se vende en alrededor de seis pesos, una pieza que representa horas de esfuerzo y una tradición que todavía sobrevive en esta comunidad del sur de Sonora.
Para Éxodo Radio, Columba Chávez.
