En un mundo donde las pantallas han desplazado a los juegos al aire libre, Francisco Escalante Medina encontró en la madera de guásima una forma de mantener viva la infancia de muchas generaciones.
En los alrededores de la Plaza de Armas de Álamos, Sonora, el artesano de 54 años ofrece arcos y resorteras elaborados completamente a mano, juguetes que para muchos forman parte de los mejores recuerdos de su niñez.
Lo que comenzó como un simple pasatiempo terminó convirtiéndose en su oficio. Francisco jamás imaginó que aquella habilidad que practicaba por gusto se transformaría en una fuente de ingresos, hasta que una comerciante de la plaza le preguntó si podía fabricar varias piezas para venderlas en su puesto.
“mi trabajo comenzó con los mismos puestos de la plaza, me mandaron a hacer unos así sencillos no sabía como hacerlos y de ahí comenzó la historia, se los amarraba con cualquier mecate y así fue, empecé a hacerlos, me empezaron a pedir los mismos señores de los puestos y poco a poco fui mejorando el trabajo y hasta llegué a un proceso mas moderno”
Cada arco y cada resortera pasan por un proceso completamente artesanal. El propio Francisco sale a buscar la madera de guásima, la corta y la prepara cuidadosamente para darle la curvatura característica que convierte una simple rama en un juguete.
“yo lo proceso, se corta la vara pero se tiene que procesar arquearla y dejarla unos días, se deja ahí para que se oree pero no secarse, son tres días de proceso”
Aunque los niños de hoy suelen inclinarse por los videojuegos, celulares y tabletas, quienes más buscan sus creaciones son los turistas que visitan Álamos y los adultos que desean volver, aunque sea por un instante, a los días en que bastaban una resortera o un arco de madera para pasar horas jugando.
“estos eran los juguetes para una persona de aquellos tiempos, estamos hablando de 20, 50 años atrás, porque si se fija ahorita la juventud y el estudio no los deja, el celular ya desde que el niño entra a la primaria pierde el interés, el papalote, el yoyo, ya no se usa, la persona cuando compra la resortera dice oye hace mucho no los miraba, me recuerda a mi infancia, es lo primero que me dicen ellos, en lugar de decir para ir a matar un pájaro, no, al contrario es para recordar su infancia”
Para él, más que vender artesanías, cada pieza representa un viaje al pasado. En cada rama de guásima moldeada con paciencia conserva un pedazo de una época en la que la imaginación era el mejor juguete y las calles eran el escenario de interminables aventuras.
Para Éxodo radio, Columba Chávez
