Cada mañana, una camilla instalada sobre la banqueta de la calle Chihuahua, entre Galeana y No Reelección, comienza a rodearse de personas. Algunos llegan caminando con dificultad, otros sosteniéndose la espalda o las rodillas. Todos buscan al mismo hombre: Ricardo Villarreal Ceceña.
No tiene consultorio, recepción ni anuncios luminosos. Su lugar de trabajo es la vía pública y, según cuenta, desde hace 17 años dedica sus días a sobar a personas que padecen dolores musculares, ciática, molestias en las rodillas y otros malestares físicos.
“yo trabajo sobando a la gente, el ciático, rodillas, desgastes, espolones, todo que si tiene migraña, todo, si no se alivia la gente no paga, el único que hace los milagros es Jesucristo, si usted viene aquí a curarse y no se alivia usted no paga ni un cinco, lo que traiga si los médicos le dijeron que no había cura, para el señor todo hay cura”
Su historia, asegura, comenzó a raíz de una parálisis facial.
Recuerda que hace 17 años recorrió distintos sobadores en busca de alivio y, mientras observaba con atención cada movimiento y cada técnica, sintió lo que describe como un llamado de Dios. Con fe, pidió recuperar su salud, pero afirma que, además de sanar, recibió un don para ayudar a otras personas.
“yo le decía tú me vas a sanar señor, tú me vas a curar señor y así empecé, mucha gente me sobaba de una manera de otra manera y el señor me dijo ahora tú vas a sobar, así como tu salías a que te sobaran ahora yo curo a la gente pero en el nombre de Jesucristo”
Para Ricardo, las manos son solo un instrumento y la verdadera sanación proviene de Dios. Afirma que la fe de quien acude con él es el principal camino para obtener resultados.
Desde entonces, convirtió esa experiencia en su forma de vida.
“viene gente de estados unidos, de chihuahua, de los mochis, del carrizo, del fuerte, de tiuana, de chicago de muchas partes, aquí estoy en la coppel desde las 4 am aquí tempranito me llegan estatales, municipales, todo el centro aquí a todos los tengo yo, se me hace bola la gente aquí, pero toda la gente que venga con muletas, con sillas de ruedas y todo eso si no amina no me pague ni un peso”
Su trabajo también ha despertado opiniones encontradas.
Mientras algunas personas ponen en duda su labor y lo califican como un charlatán, Ricardo responde que no intenta convencer a nadie. Asegura que son quienes han pasado por su camilla quienes pueden hablar de su experiencia.
En una simple camilla colocada a un costado de la calle, Ricardo recibe cada día a personas que llegan con la esperanza de encontrar alivio, convencidos —como él— de que, cuando la fe acompaña al tratamiento todo puede mejorar.
Para Éxodo radio, Columba Chávez
