Mientras muchos buscan refugiarse del calor en lugares con aire acondicionado, Antonio Gutiérrez pasa sus días bajo el sol abrasador de Ciudad Obregón. A sus 51 años y con tres décadas dedicadas a lavar automóviles en la calle Galeana, entre Veracruz y Puebla, asegura que nunca había sentido un verano tan pesado como el de este año.
“Pues está fuerte el calor pero pues aquí no engordan las reses hasta se enflacan con el calor”
“puro tomando agua de la llave, a veces comprándole a los que venden agua”
Cada vehículo representa alrededor de 15 minutos de trabajo intenso entre dos personas. Sin embargo, conforme avanza la mañana y el termómetro rebasa los 40 grados, el esfuerzo físico aumenta considerablemente. Desde las 10:00 horas, explicó, el pavimento irradia calor y permanecer al aire libre se convierte en un verdadero desafío.
“A mucha gente si se le hace fácil lavar un caro pero no puras mentiras eso, a como está el calorón le metes uno 10 o 15 minutos pero entre dos los lavamos”
Cuando el calor se vuelve insoportable, buscan unos minutos de descanso bajo la sombra de los árboles y consumen abundante agua para evitar un golpe de calor. Otros, incluso, han comenzado a vender helados en el mismo punto para obtener un ingreso adicional y hacer frente a la baja en la demanda.
Y es que, además de enfrentar jornadas extenuantes, los lava carros también resienten la disminución de clientes. Antonio considera que muchas personas prefieren no salir de casa debido a las condiciones climáticas, lo que ha reducido el trabajo y, con ello, los ingresos.
“casi no hay trabajo por el calorón antes se llenaba todo, ahora no”
A pesar de las altas temperaturas y de las dificultades económicas, Antonio y sus compañeros continúan cada día en el mismo lugar, soportando el intenso sol con la esperanza de conseguir suficientes clientes para llevar el sustento a sus familias. Para ellos, el calor no representa una opción para detenerse, sino un obstáculo más que debe vencer para ganarse la vida.
Para Éxodo radio, Columba Chávez
