A VALENTÍN ELIZALDE LE PRESTABAN SOMBREROS; AÑOS DESPUÉS DEJÓ UN REGALO QUE NADIE HA PODIDO COMPRAR

A simple vista parecen un par de botas más. Están exhibidas entre sombreros, aunque en ese negocio jamás se ha vendido calzado. Sin embargo, todos los días provocan la misma reacción: hay quienes se detienen a fotografiarlas, otros preguntan si están a la venta y algunos incluso han querido comprarlas.

Pero esas botas tienen dueño… y también una historia.

Llevan bordado el nombre de Valentín Elizalde y el apodo que lo convirtió en leyenda: “El Gallo de Oro”.

Mucho antes de llenar palenques y convertirse en uno de los máximos exponentes de la música regional mexicana, Valentín llegaba a la Sombrerería Yécora, en Ciudad Obregón, donde el padre de Daniel Morales comenzó a prestarle sombreros para sus presentaciones.

“Todavía no era el Valentín Elizalde que a lo último terminando conociendo me acuerdo que él iba caminando por la Nainari nosotros estábamos en el MR. obispo y él se iba a presentar en la Miguel alemán me acuerdo que le dijeron hey qué onda cómo estás y mi papá le dijo cuándo se te ofrezca para que llegues a la tienda y dicho y hecho, los primeros sombreros mi papá se los prestaba le decía mira vale me llegó este y así como te gustan y pues échamelos para acá”

El cantante era perfeccionista con la horma, el estilo y la forma en que debía lucir cada pieza. Algunos sombreros se los llevaba prestados; otros los compraba. Lo importante era que confiaba plenamente en aquel negocio cuando todavía buscaba abrirse camino.

Con los años llegó la fama y dejó de comprar sombreros en Ciudad Obregón, pero nunca olvidó a quienes estuvieron con él desde el principio.

Como muestra de agradecimiento, regaló al padre de Daniel un par de botas personalizadas con su nombre y el de “El Gallo de Oro”.

“Son usadas, eran de él pero son usadas, están gastadas, son todas de avestruz, que significa, que hasta el tubo que normalmente es de res también es de avestruz, aparte de que eran de él traes alrededor de unos 4 o 5 pares en total en tus pies y luego la otra es que el avestruz es Africano”

Desde entonces permanecen exhibidas en la sombrerería. No tienen precio y tampoco están en venta, aunque más de un admirador ha intentado llevárselas.

“Quieren que se las vendamos pero no se puede, no se van a vender nunca, siempre van a estar aquí con nosotros, si mi papá no las vendió y eso que había necesidad pues no las puedo vender yo aparte que mi mamá me dijo sabes que, esas botas no se van a vender nunca”

Mientras decenas de clientes siguen preguntando si están a la venta, la respuesta siempre es la misma: no tienen precio. Porque para la familia Morales, esas botas representan mucho más que un recuerdo; son el símbolo de una amistad y de la gratitud de Valentín Elizalde.

Para Éxodo radio, Columba Chávez