Cada día, en una de las banquetas del primer cuadro de Ciudad Obregón, Rosario Guerrero se sienta con sus hilos, agujas y telas para hacer lo que ha hecho durante más de cinco décadas: bordar.
A sus 59 años, esta mujer artesana ha convertido la banqueta en su espacio de trabajo. Ahí, mientras espera a sus clientes, borda a mano y ofrece pilas y servilletas artesanales.
Pero sentarse a trabajar en plena calle no representa únicamente una forma de ganarse la vida.
Rosario asegura que también lo hace para que las personas conozcan y sigan viendo este tipo de trabajos, y recuerden que detrás de cada pieza artesanal existen horas de dedicación, paciencia y aprendizaje.
“Es bueno tener avance tecnológico, tecnología de punta; es bueno aprovechar las cosas positivas que nos pueda dar el avance tecnológico, porque nos hace la vida más práctica, más amena, pero sin olvidarnos de nuestras raíces, de regresar a lo fundamental, a todo lo artesanal.”
Su historia con el bordado comenzó cuando tenía apenas 8 años. Recuerda que sus padres la mantenían entretenida con esta actividad y, con el paso del tiempo, aquellas primeras puntadas se convirtieron en un oficio que hoy forma parte de su vida.
“A mí desde que tenía 8 años me gusta hacer esto. Lo empecé ahora para ayudarme un poco con mis gastos; antes solamente lo hacía para mi familia.”
“Así se les llama a las servilletas bordadas y tejidas que pertenecen al tesoro de la humanidad, porque es parte de nuestra cultura, no solamente cajemense. Todas estas actividades artesanales están alrededor del mundo, con diferentes grupos y etnias.”
Cada servilleta que elabora es completamente hecha a mano y su precio busca reflejar precisamente todo lo que hay detrás: los materiales, las horas de trabajo, la experiencia y la dedicación que requiere cada pieza.
Sin embargo, Rosario reconoce que uno de los principales retos para quienes viven de las artesanías continúa siendo el regateo.
“Hay personas que dicen: ‘Está muy bonito’, preguntan cuánto es y luego dicen: ‘Está muy caro’ y se van. Es la típica persona de diferente pensamiento que siempre está regateando, como si fuera tianguis. Yo les doy oportunidad, les digo cuánto traen, si se lo quieren llevar, y hacemos negocio. Pero si la gente accede, aunque tenga para pagar, la gente así es.”
Para Rosario, detrás de cada servilleta existe mucho más que tela e hilo: está el tiempo de una artesana, sus conocimientos y una tradición aprendida desde la infancia.
Y precisamente eso es lo que más le preocupa: que este oficio poco a poco se vaya perdiendo.
Lamentó que cada vez sea menos común encontrar niñas y jóvenes interesadas en aprender a bordar, como ocurrió con ella cuando apenas tenía 8 años.
Para Éxodo Radio, Columba Chávez.
