BAILA, CANTA Y VENDE EMPANADAS: LUCIO CONVIERTE LA CALLE EN UNA FIESTA

Si pasas por la calle Guerrero, frente al Hospital General Regional número 1 de Ciudad Obregón, seguramente lo vas a escuchar antes de verlo.

Hay música, hay canto… y también hay baile.

Él es Lucio Valenzuela Monge, tiene 56 años y desde hace cinco se ganó en redes sociales el apodo de “El Panadero Bailarín”.

Con una motocicleta cargada de empanadas, Lucio recorre su punto de venta bailando y cantando para atraer clientes.

Pero su baile tiene un propósito que va mucho más allá de vender.

Está justo afuera de un hospital, donde todos los días llegan personas preocupadas por su salud o por la de algún familiar.

“a mí me daba pena, me daba vergüenza, hoy te puedo decir que soy un ridículo pero un ridículo bonito porque a la gente le gusta y les digo si me compras una te bailo, con dos te hago un reservado con tres te paseo en la moto y si me compras 5 me voy contigo y puras de esas y la gente lo ha aceptado, aparte de su enfermedad de sus cosas que le provocan estrés siento que les doy una pastillita de la alegría tan siquiera un rato y me ha servido de mucho porque así vendo rápido las empanadas, haciendo el ridículo”

Cuenta que hay personas que llegan con muletas, lo ven bailar y hasta se detienen unos minutos para acompañarlo.

Porque para él, si logra arrancarle una sonrisa a alguien que está pasando por un momento difícil, su día ya valió la pena.

“Lo estuve analizando y dije la imprudencia con la que voy a vender pero es bendición porque dicen que la alegría y la felicidad no hace daño, anima, he estado en situaciones donde personas con diálisis con cáncer y vienen hacia a mí a comprar empanadas y les hago el rato se van contentos, hay unos que hasta el bastón tiran, hace días una señora que iba con bastón se metió a bailar conmigo y el bastón lo dejó a un lado, un chavalo que no tiene una pierna en una ocasión ahí en urgencias estaba haciendo yo mi show y se metió a bailar conmigo con la muleta”

Su historia comenzó hace cinco años, cuando trabajaba para otra persona vendiendo pan, con el tiempo, el negocio se transformó y ahora es su esposa quien prepara las empanadas que él sale a vender.

Incluso llevó su peculiar forma de trabajar a otro nivel: con ayuda de inteligencia artificial creó una canción para promocionar sus productos y acompañar sus ventas.

Y hay algo que Lucio tiene muy claro: disfruta lo que hace.

“siempre he sido empleado y ahora que es mi empresa lo hago con mucha alegría, con gusto lo hago de verdad, si vienen por una se llevan 2 5 y hasta 10 entonces eso a mí me motiva y le sigo haciendo al loco, ha de cuenta que yo hago es parte de mi trabajo porque a veces lo hago sin querer hacerlo, pero cuando viene la gente y los contagio viene el rebote y eso es lo suave, es lo bonito”

Además, mantiene sus empanadas en 10 pesos, buscando que sus clientes puedan darse el gusto sin afectar demasiado su bolsillo.

Así, entre una canción, unos pasos de baile y una canasta de empanadas, Lucio se ha ganado un lugar muy particular en la calle Guerrero.

Cinco años después de hacerse viral, “El Panadero Bailarín” continúa haciendo lo que mejor sabe: vender pan a su manera.

Para Éxodo Radio, Columba Chávez.