En Mochipaco 1, una pequeña comunidad indígena mayo del municipio de Etchojoa, la creatividad ha encontrado nuevas formas de resistir y florecer. Ahí vive Procopio Flores Siaruqui, un artesano que desde hace más de 30 años convierte la madera en sillas, muebles rústicos y ahora, en una de sus creaciones más queridas: venados que se transforman en renos navideños.
El oficio lo heredó de sus abuelos y sus padres, quienes le enseñaron a trabajar la madera con respeto y paciencia. Pero los tiempos cambiaron y, con ellos, la necesidad de reinventarse. Mientras trabajaba temporalmente en el campo de Baja California, Procopio vio a lo lejos un par de venados. Esa imagen se le quedó grabada como una señal. Desde entonces, la idea de tallar venados de madera se instaló en su mente.
Al volver a Mochipaco, la inspiración se convirtió en acción. Con creatividad, ingenio y el miedo inevitable de empezar algo nuevo, se adentró en el monte en busca de los troncos que darían forma a los animales: desde el cuerpo hasta la ornamenta, todo proviene de la madre naturaleza. Incluso los ojos de cada venado son elementos naturales encontrados en el campo.
Con la llegada de la temporada decembrina, dio un paso más: convertir aquellos venados en el famoso Rodolfo, el reno de Santa Claus. Con la ayuda de su nieta, que le da forma a la cara y a la nariz característica, Procopio combina la tradición indígena con la magia navideña. “Para mí es importante que la gente tenga artesanías indígenas en su Navidad”, asegura.
El artesano también recuerda que el venado es un símbolo profundo para los pueblos originarios: representa fortaleza, guía espiritual y conexión con la tierra. Por eso cada pieza es más que una figura decorativa; es un pedazo de identidad.
Hoy, Procopio sigue recibiendo pedidos de sus renos navideños y sueña en grande: quiere un taller equipado, con herramientas modernas que le permitan aumentar su producción. Por ahora trabaja solo con materiales rústicos y básicos, pero su anhelo de expandir su arte se mantiene intacto.
“Quiero un taller donde pueda hacer más renos, más artesanías… donde mis nietos también aprendan”, dice con esperanza.
Mientras tanto, sus venados-renos ya alegran hogares dentro y fuera de la comunidad, llevando consigo una mezcla única de tradición, creatividad y espíritu navideño.
