BAJO LA LLUVIA Y CON 80 AÑOS, DON GERARDO SIGUE VENDIENDO GELATINAS PARA CUMPLIR UN SUEÑO

La esquina de la calle Tabasco y la 200 tiene un rostro que ya es parte del paisaje: el de Don Gerardo, un hombre de 80 años que, con una hielera repleta de gelatinas de mosaico, sale cada día a ganarse el pan.

Desde hace más de cinco años, llega puntual a las 8:00 de la mañana y se queda hasta que vende la última gelatina o hasta que el cansancio le pide retirarse. No hay jubilación, no hay descanso. Sus manos y su sonrisa son su herramienta de trabajo.

“me voy más tardar a las 11:30 am y por la tarde vuelvo a las 3:00 pm y me voy hasta que se acaba el día, pues si me canso pero pues hay que trabajar, siempre con buena actitud por eso es que la gente me apoya”

Este jueves, la lluvia y las recomendaciones por la tormenta no fueron motivo para quedarse en casa. Vive al día, y cada jornada es una batalla contra el tiempo, el clima y el cansancio.

“ni el calor ni la lluvia me para, adelante, tengo ganas de trabajar porque eso más que nada, trabajar para los gastos porque hay que comer, hay que pagar renta todavía, mucha gente me dice lo admiramos es muy trabajador, pues es que la necesidad es mucha”

Su esposa —quien tiene discapacidad auditiva— y su hija lo acompañan de otra forma: juntas preparan las gelatinas que él ofrece a los transeúntes. En cada vaso de colores que coloca sobre su mesa hay horas de trabajo, cuidado y esperanza.

Pero Don Gerardo no solo trabaja por necesidad, también por un sueño: comprar una pequeña casa donde pueda vivir con su esposa sin preocupaciones.

“lograr tener una casita pero lo veo difícil, hago extensiva la invitación para que me sigan apoyando yo estoy muy agradecido con todo mundo porque gracias a ellos estoy sobreviviendo y pues los invito para que me sigan apoyando”

. Bajo el sol o bajo la lluvia, su presencia en la esquina es un recordatorio de que la dignidad y el esfuerzo no tienen edad.

Para Éxodo radio, Columba Chávez